miércoles, 26 de septiembre de 2007

LA "MEMORIA ENTERRADA DE ROMA"

El mayor museo subterráneo del mundo se encuentra bajo la ciudad de Roma, y basta hacer cualquier agujero para añadir nuevas piezas al catálogo. Los sondeos emprendidos ya en doce plazas para la tercera línea del Metro han comenzado a cosechar hallazgos, que se multiplicarán cuando comiencen las obras de las nuevas estaciones. Por primera vez, constructores y arqueólogos trabajan en equipo desde el principio, confirmando la alianza formada en los últimos años de obras en el subsuelo de la Ciudad Eterna. Durante el medio siglo posterior a la Segunda Guerra Mundial los constructores en Roma excavaban los cimientos a la carrera y a ser posible de noche, destruyendo o escondiendo cualquier hallazgo para evitar que los arqueólogos del Ayuntamiento les parasen las obras. La mejor prueba del camino recorrido en todo este tiempo es la exposición «Roma, memorias del subsuelo», en las «Olearie Papali», los antiguos silos de aceite de los Estados Pontificios, situados a su vez en las antiguas Termas de Diocleciano, un gigantesco edificio cercano a la Estación Termini, que alberga también una basílica, un gran museo arqueológico, un convento y un planetario, reflejando el cambio en las necesidades de espacio a lo largo de dos mil años. La exposición continuará hasta el 9 de abril.
Ejemplos: las excavaciones para extender los cables de fibra óptica de Fastweb han permitido recuperar una hermosa colección de lucernas romanas. La construcción de una nueva vía para los Ferrocarriles del Estado sacó a la luz una bellísima estatua de Nereida que cabalga como pasajera sobre un gentil monstruo marino. En la excavación de los cimientos de la sede de Mediobanca cerca de la Plaza de España aparecieron unos candelabros de lujo. La exposición, deliberadamente desordenada al gusto romántico del siglo XIX, invita a conmoverse ante una prueba de amor como la estela funeraria de Valeria Primigenia, descubierta al construir un garaje. Vivió 28 años, cuatro meses y 16 días según hace constar en la lápida Valerius Quietus, «su esposo enamorado». Hay también muñecas articuladas de marfil, la «Barbie» de la época imperial, con una silueta esbelta al limite de la anorexia, muy similar a su moderna compañera americana. Y joyas, muchas joyas. Anillos, diademas, pulseras y pendientes, cuya belleza antigua envidian las mejores tiendas de hoy en día. Fuente: ABC Sevilla

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